lunes, 6 de febrero de 2017

La República en marcha



Maracaibo, marzo de 1936.- La jornada del 14 de febrero jalona decisivamente el avance de la República hacia la realización democrática. En esa fecha memorable iniciamos la liquidación del gomecismo, desplazando sus posiciones a los representantes más peligrosos de la cuadrilla "rehabilitadora" y tomando en nuestras manos los medios de influencia ideológica que harían factible la cancelación de aquellas prácticas que dificultan el sacudimiento total de la conciencia venezolana. 

De la prueba a que se vio sometida la Nación con motivo de este viraje salió el alma de nuestro pueblo pura y sin mancha. La interesada afirmación de nuestra incapacidad para la vida democrática fue destruida sobre el terreno con hechos afirmativos que prueban las inmensas reservas morales de nuestras clases explotadas, en cuyas manos cayó el peso de las más grandes realizaciones y cuya dirección se hace sentir todavía, en profundidad y extensión, a través del proceso revolucionario que contemplamos. 

Porque se ha evidenciado, en el rumbo ideológico como en el económico, la carencia de espíritu de lucha y de comprensión de sus propios problemas que existe en el seno de las clases privilegiadas. La burguesía comercial e industrial del país, en la hora de prueba, no acierta a comprender su papel y se refugia, atemorizada, en una melancólica inhibición que la hace aparecer como aliada de ese tremendo sistema de explotación tipo feudal al cual debe precisamente su ruina. Frente al obrero que sacude su abultado pliego de reivindicaciones adopta una actitud mezquina y le regatea una alianza a que no puede renuncias sin suicidarse. ¿La causa? A primera vista podría tomarse como una resultante de la influencia psicológica del terror gomecista. Profundizando encontraremos que expían la culpa, esas clases privilegiadas, de torpes complicidades que pocos bienes le reportan y que ahora les sirven de remora para un entendimiento de mutua defensa, con las clases trabajadoras. 

Ese entendimiento leal, para las tareas inmediatas que hay que realizar a objeto de impedir el reestablecimiento del sistema feudal económico que a todos nos arruina debe venir; y hay ya síntomas indudables, pasado el desconcierto de la primera hora, que indican que esas clases rezagadas se incorporan decisivamente al movimiento revolucionario, consolidando, para su bien, la primera etapa del proceso democrático, que encuentra su más saliente realización en el programa de gobierno lanzado por el Primer Magistrado de la República. El comercio y la industria, el pequeño criador y agricultor, harán un frente único con el obrero y el campesino explotado, reforzando esa larga batalla contra el latifundismo caudillista y la penetración imperialista extranjera de que debe salir la República vigorosa y su saneamiento físico y mental serán el premio de esa alianza, rica en bienes para todos. 

Pierda el capitalista nacional su miedo a las manifestaciones en la plaza pública. Consolide su posición reclamando, con las clases trabajadoras, el derecho de crítica en la prensa y en el parlamento. Eche a un lado, por incompetente y por las másculas que el gomecismo le dejará, a la vieja guardia de sus hombres "representativos", auspiciando una promoción de hombres nuevos que interpreten sin suscitar sospechas de adhesión a las viejas normas, sus anhelos y necesidades, y la revolución democrática iniciada fecunda en bienes y le librará de zozobras.

Mientras tanto la dirección de la marcha de la República reclama esa pauta invariable, de sujeción estricta a las necesidades de una mayoría que hizo la revolución, y que está dispuesta a defenderla con sus puños y con su sangre. 

El País (Maracaibo, 29 de abrill de 1936) .- p.1 y 2. Fdo. Valmore Rodríguez 

jueves, 5 de enero de 2017

La experiencia de lo Nacional


     Los ejemplos de regímenes anteriores, el modo cómo se iniciaron y cómo se desenvolvieron, han hecho del venezolano corriente un tipo desconfiado y arisco con relación al gobernante, La posición actual de una gran mayoría es rendirse a los hechos cuando se han producido, y aún en este terreno se busca muchas veces una motivación oculta limitadora de la bondad del presente en su encadenamiento con el porvenir. Esta duda constante en el fluir del tiempo, tiene sus ventajas, pero también sus peligros, la desconfianza como sistema puede llevarnos a ese mismo principio del que pretendemos huir. 

    La experiencia aconseja la vigilancia y eso esta bien, es muy loable. Cada acto del gobernante como mandatario del pueblo debe ser revisado con serenidad y con ese sentido del derecho que no podemos delegar. estamos ante una transición que por las especiales circunstancias en que se ha producido ameritan un contralor eficaz y una intervención consistente de la ciudadanía. Pero de ahí a asumir una perenne actitud de rechazo a la ación más nimia del poder público, atribuyéndole  desviaciones que no podemos constatar, hay un abismo peligroso que precisa salvar con coraje y puentes de razonamiento.

     El gobierno de transición que ha aceptado el pueblo de Venezuela le debe su vida constitucional a factores muy complicados que, canalizados en otra dirección hubieran producido serias conmociones, con el probable resultado de una continuación dictatorial ta violenta como la que hemos abandonado. Vencidos en el campo civil los hombres representativos del viejo sistema, e instaurado con la colaboración de todos un nuevo régimen en que los derechos y deberes del ciudadano aparecen igualmente reconocidos, seria temerario aceptar en toda su integridad los primeros y trinchar despiadadamente los segundos. 

     No podemos olvidar el legado legislativo de la tiranía gomecista, que nos violenta a cada paso en el cuadro de la realidad ambiente. Pero no hay que confundir ese legado funesto con el instrumento al cual la necesidad encomienda su aplicación. 

   Luchar lealmente contra la ley absurda, buscando su eliminación, pero no identificarla con el funcionario, si priva en él sano deseo de justicia, ¿es acaso la actitud más cónsona con los difíciles momentos que nos ha tocado vivir?

     En esta sana aspiración de la colectividad venezolana hacia la superación del engranaje legal que nos mueve, debe acompañarnos un sentido equilibrado de lo honesto. El gobierno es la representación del pueblo y debe ser vigilado. Consediéndole naturalmente el deber de pedirnos una retribución de servicios en cosas del interés público, osea, la confianza necesaria a su marcha como regulador de las relaciones sociales.

Panorama (Maracaibo, 29 de abril de 1936).-p.l. Editorial.

Exaltación de lo Nacional


     Tímidamente y a la sordina, durante las postrimerías del régimen anterior, comenzó a florecer en nuestro país una literatura amparadora del nacionalismo económico que era como un reflejo del aporte copioso y arrollador de otros pueblos en la misma materia. Las condiciones especiales bajo las cuales vivíamos entonces restringían el esfuerzo a aquellas industrias que directa o indirectamente se rozaban con las propiedades o el control de Gómez y su camarilla, incluyendo en esta aceptación el interés del físico, que también se consideraba como patrimonio particular. Poetas, oradores y periodistas hablaron largo, aunque confusamente, sobre lo nacional, sin que sus palabras lograra descender de la esfera artística y literaria al plano de la realidad económica.

     El retorno a las prácticas republicanas sacó a la superficie la totalidad de nuestros problemas económicos, que pudieron ser enfocados en toda su máxima gravedad. Esos problemas han encontrado de parte del gobierno una vigilante atención, y a objeto de resolverlos se solicita con ahínco la acción proteccionista del Estado, con la aceptación  consiguiente por parte del consumidor. Entramos así en nueva concepción de lo económico nacional, que ha de permear necesariamente los estratos culturales y políticos que tienen en ellos su base.

     Es lógico y natural que esa estructuración de valores se produzca como resultado de la reconquista ideológica del patrimonio nacional. Acosado dentro de la propia frontera, el venezolano de ayer se extinguía entre las solicitaciones de su pensamiento y una realidad huidiza, sin fondo ni asidero. Devuelto al uso de sus facultades y colocada en un terreno firme, donde ya no es ficción el derecho ni mentira su responsabilidad, se abraza al hito que lo separa de la dispersión para afirmar en su persona la integración de la nacionalidad.  

     La política es la pasión del momento y en la forma como se desenvuelve se advierte un calor desbordante típicamente venezolano. Nos encontramos, nos afirmamos, queremos vivir con el afán desesperado de quien ha estado a punto de disolverse en una atmósfera letal,  traspasado por fluidos sutiles, quemantes. 

     El sentido y la exaltación de lo nacional se a apoderado de nosotros con clamores afirmativos que llenan todas las esferas de nuestra actividad. Nuestra vida venezolana cobra así un ritmo propio que siembra de esperanza renovadoras todos los aspectos de la convivencia social, aligerada del lastre trágico que le impusieran luengos años de sujeción al capricho tiránico de unos pocos hombres sin ley ni conciencia. 

En paz y en orden transcurre el 19


   Los alarmistas y agitadores provenientes del campo del viejo régimen han fracasado lastimosamente en su empeño de rodear la aparición de la fecha clásica del 19 de abril de presagios sombríos. La capital de la República, con un sentido del orden y de la responsabilidad que siempre le atribuimos, ha dado un alto ejemplo de civismo que echó por tierra los cálculos aviesos de los enemigos de las libertades públicas, al permitir, con unánime aplauso de la ciudadanía, la reunión de las Cámaras Legislativas en un ambiente decoroso, sin agresiones ni tumultos impropios del momento histórico en que habían de debatirse cuestiones de vital importancia para el afianzamiento de la República.

     Con la confianza que siempre nos ha inspirado la institución de pueblo venezolano, aún en presencia de los factores de disociación y de anarquía que encrespan la superficie moral de nuestra democracia, rechazamos desde el primer momento la sugestión de ciertos hombres timoratos que aceptaban como buen ala necesidad de medidas extraordinarias de represión contra posibles e imaginarios intentos de saqueos, violaciones e incendios.  Semejantes medidas, cuya adopción anticipada se pida, lejos de llevar a los ánimos la impresión de seguridad que el Estado debe ofrecer, contribuyen a aflojar ese lazo de mutua colaboración necesaria que ha llegado a establecerse entre el Gobierno y el pueblo; relajan la moral ciudadana y siembran una suspicacia peligrosa que debilita la acción del Poder Público sobre la libre voluntad de los asociados. Es así como el pueblo, tomando sobre sí la responsabilidad de sus actos, y ante el voto de confianza que se le pedía, respondió de manera inequívoca en la forma ejemplar que comentamos. 

     A tono con la actitud asumida por la Capital, el Estado Zulia ha ratificado también esta vez sus viejas tradiciones de civismo, conservando en todos sus actos la presencia de ánimo y el sentido de responsabilidad que lo distingue. Maracaibo, la zona petrolera y todos los Distritos del Estado celebraron con actos de extraordinario civismo la fecha del 19 de Abril, sin que se registrara un solo hecho ni un solo desmán violatorios de la tranquilidad pública. 

    Con relación a los primeros actos del Parlamento, la ciudadanía zuliana ha visto con agrado la forma como se han iniciado las labores de ambas Cámaras, y el espíritu de cooperación que preside a todas las manifestaciones de la opinión nacional. Que este espíritu continúe animando e influyendo las deliberaciones del Soberano Cuerpo, es el deseo y la ambición unánime de la ciudadanía como digno remate a las jornadas cívicas que se han sucedido. 

Panorama (Maracaibo, 21 de Abril de 1936).-p.l. Editorial

  

Mañana 19


     La fecha clásica de mañana, que marca el primer hito en nuestra lucha emancipadora, nos encuentra este año sumidos en graves meditaciones. Al festejo incoloro de los programas oficiales de ayer, sucede un proceso en que se contempla como fin primordial la conservación del orden público y la reunión sin tumultos del Congreso nacional. El ciudadano preocupado, ante los nuevos rumbos que se abren, se recoge en la intimidad de su conciencia para rendir a los grandes hombres que realizaron la gesta magna, el único culto posible que las circunstancias demandan: severidad en la conducta y un sincero deseo de obrar, con generoso desprendimiento, en la dirección que aconsejan los altos intereses de nuestro pueblo, amenazados por brotes anárquicos que tienen su raíz en el expirante sistema gomecista. 

     No queremos creer que el pueblo altivo que hace apenas unos meses derribara, en resonante gestas cívicas, el edificio opresor de una tiranía sin precedentes en nuestra historia, se haya olvidado ya de las terribles consecuencias que produce la actitud indiferente o desviada de las mayorías ante acontecimientos de tanta monta como los que tenemos delante, ni que en la hora de las decisiones, cuando el fervor republicano pide actos de responsabilidad, abandone su vigilancia y se entregue atado de manos al provocador sin escrúpulos que pretende capitalizar el desconcierto para inducir al ignorante y al desprevenido a  tomar por caminos que desembocan directamente en el despotismo. Convencidos de la capacidad de asimilación y de la extraordinaria institución que distinguen a nuestro pueblo, aguardamos confiados el desarrollo de las tareas preparatorias que han de devolvernos la libertad de sufragio, base de la democracia. Pero en ese camino y aún admitiendo que hay una línea de conducta ya aceptada dentro de la cual nos movemos con desembarazo, nos asalta la idea de que manos mercenarias quieran interponerse para arrebatarnos la tranquilidad que debe presidir a los primeros actos afirmativos de nuestra voluntad republicana. A soslayar ese peligro debe estar dirigida toda nuestra atención y si lo logramos, el futuro democrático de Venezuela dará un paso seguro a su afianzamiento. 

    La reunión del Congreso Nacional, impugnada por unos pocos u aceptada por la gran mayoría del pueblo venezolano, es el punto de partida de la continuidad legal que se anhela para salvar a la República de una dictadura inminente. Las personas que integran ese congreso no tienen el respaldo popular que daría a sus decisiones la fuerza constitucional necesaria para mantener la confianza; pero hacia el logro de los fines integrales que la República persigue, esos hombres representan el hilo transitorio que no podríamos romper sin exponernos a caer en mayores males irreparables.

    Las reformas urgentes que la República necesita para consolidar su posición serán votadas por el Congreso. Y lo que éste deje en pie quedará sujeto a recursos legales que permitan su solución sin tropiezos. La confianza depositada por los pueblos en la dirección de la acción gubernamental es indicio seguro de que el Congreso no ha de contrariar el espíritu de las leyes que se le sometan, destinadas a mejorar la condición del pueblo todo de Venezuela. De su colaboración en ese sentido depende la conservación de la tranquilidad pública. Que ella venga como corolario de los esfuerzos que toas las fuerzas sanas del país despliegan para cimentar sobre bases perdurables la república democrática. 

Panorama (Maracaibo. 18 de abril de 1936).-p.l Editorial



miércoles, 4 de enero de 2017

Sintomas de normalidad


     Asoman ya, por sobre la encrespada marea de nuestra vida ciudadana, síntomas alentadores de un sano y eficaz recobramiento. Los partidos y "las partidas", concreciones del espíritu de grupo y de la diversidad de intereses en que se divide la población, han expresado con igual violencia cada uno a su hora, sus aspiraciones y deseos, y  al salir del ataque blandiendo el afilado estilete de su retórica, caldeada, asume una actitud tranquila reveladora de su profundo estado de ánimo, aligerado ya del peso de la impaciencia tribunicia y del aplauso tentador. 

     El retorno a las prácticas republicanas ha brindado oportunidad a todas las tendencias, incluso a la gomecista, para manifestarse libremente, y el uso y abuso de esas prácticas  nos van acostumbrando a observar con serena tolerancia la aparición de las más extrañas teorías en el campo de nuestra política activa, sin que ya la zozobra y el temor a posibles cataclismos, haga temblar a la pacífica ciudadanía que ve "los toros desde la barra". 

     No salimos aún, es cierto, del confusionismo universal provocado por los descubridores de panaceas; pero es que apenas comenzamos a trajinar el sendero de libertad, y sería absurdo esperar que 4 meses de discusión pudiera producir el milagro de aclimatar una claridad ideológica que, en otros pueblos ha costado años de dura y terca labor. 

     Lamentablemente excesos de intransigencia continúan produciéndose en sectores que no se distinguen precisamente por su amor a las libertades que hemos conquistado; y todavía la calumnia, aviesamente escondida  tras sospechosos pronunciamientos patrióticos, hiere reputaciones consagradas por un largo ejercicio de incorruptibilidad ciudadana; pero ese fuego graneado de los inadaptables a la nueva condición de vida de los pueblos venezolanos, se va adaptando y alejando a medida que la voz de la serenidad crece y se impone sobre el tumulto irresponsable. 

     También se advierte en el seno de las agremiaciones una más clara comprensión de sus deberes dentro del marco de las necesidades sociales, y si es cierto aún se las ataca y más de cuatro individualistas se empeñan tercamente en disolverlas, sus actividades actuales se desenvuelven con estricta sujeción a la legalidad, y están robustecidas por un firme deseo de perdurar. 

    La normalidad ciudadana necesaria al funcionamiento de las instituciones democráticas no implica el abandono de las posiciones ni la renuncia a las ideas; significa el encauzamiento de las fuerzas actuantes por vías más justas y humanas, substituyendo el encono del ataque personalista por la exposición razonada de principios e ideas.  Sólo éstas tienen valencia y beligerancia en el plano de la política constructiva que pide la nación y serán finalmente las que digan la última palabra en el conflicto planteado entre las diversas fuerzas antagónicas. 

Panorama (Maracaibo, 12 de Abril de 1936).-p.l. Editorial 




Cuatro palabras explicativas de Valmore Rodríguez radiodifundidas anoche por la radio emisora "Ecos del Caribe"




     El deseo de colaborar en el restablecimiento de la tranquilidad ciudadana, perturbada por los manejos de los últimos sátrapas de la Dictadura, había sellado mis labios para la exposición de hechos que no es posible ya seguir ocultando. Me refiero a esa oscura mañana de imputaciones que, a la sombra de un estado de cosas que parecía eternizarse, se cerró sobre mí y sobre un grupo de compañeros, y por lo cual tienen que responder personajes diversos, reclutados entre la burocracia presidencia de Estado, Ministros y clerigalla, incluyendo abogados asueldos y detractores gratuitos.

     No es mi intensión revolver ahora ese cieno ni escarbar en la podredumbre donde se revuelcan confusamente los prohombres del viejo régimen, aforados por la piltrafa y el hueso del imperialismo. En nuestra democracia naciente, donde aún hallan acomodo apetitos disfrazados de legalidad, urge acallar rencores,  sanar heridas y apagar las hogueras donde se consumen banderas rotas que pudieran ser agitadas, con su lazo de incendio, sobre muchedumbres aún vacilantes en el ejercicio de los derechos del ciudadano. 

     Hay, si, la necesidad de apuntar el dedo acusado sobre el sistema tentacular que se nutre de vicios, fatales al desenvolvimiento de la democracia. La liquidación de gomecismo no sería completa sin unas revisión implacable de los factores que contribuyeron a hacerlo viable y poderoso dentro del organismo nacional. Señalemos los vicios, escudriñemos los fundamentos y hagamos presidencia de nombres que ya han sido suficientemente señalados a la vindicta pública, como medio el más eficaz de abrirnos una pica virgen hacia el porvenir, sin temores y sin zozobras. 

     Los problemas que confronta la nación están siendo estudiados con suficiencia desde la cátedra del periodismo libre y en el ambiente caldeado de la pública opinión. Todo ello está muy bien. Y estaría mejor si al estudio de esos problemas se aportara de comprensión capaz de englobarlos a todos, señalando con claridad aquellos que ameritan una consideración más profunda,  por los efectos que producen en la vida económica, política, y social del país. desgraciadamente esta tarea se ha acometido fragmentariamente y sin método. Los determinantes inmediatos y futuros se han olvidado o preterido y el conjunto resulta falseado por consideraciones adjetivas. Geográficamente continuamos siendo unidad aislada. La nación - espíritu vital - no logra acomodarse a las nuevas realidades creadas por los factores económicos que deciden en ultimo término su rumbo cordial y armónico hacia la vida del porvenir. 

     No cabria dentro de los límites de una charla el enfocamiento global de estos problemas. No soy yo el más capacitado para dirigir fielmente vuestra atención hacia lo que considero el más urgente, el más inaplazable, y el más oscuro de nuestros embrollos nacionales. He de intentar, sin embargo, un esbozo de la situación para que otros, más capacitados, la resuelvan o modifiquen. Comienzo a hablar del petróleo y naturalmente del punto de vista zuliano, acerca de las relaciones que deben establecerse entre los explotadores extranjeros y el gobierno, para bien de la colectividad nacional. 

     El petróleo no llevo a la cárcel y de ella retornamos sin mancha, porque la conciencia lavada en el agua lustral de la democracia no toleró amalgama. La democracia venezolana debía nacer, y nació, sin mancha de pecado original...Era bueno, era justo que así sucediera. Y a preservarla libre de salpicaduras contribuimos todos, desde el obrero caraqueño que vertió su sangre en la jornada del 13 de febrero hasta el último ciudadano del más lejano rincón de Venezuela. 

     El petróleo nos llevo a la cárcel. Pero esos viejos compañeros que compartieron conmigo la dura noche del exilio; los hombres que en la prisión consumieron sus energías soñando en el advenimiento de una patria nueva; los estudiantes que surgieron del fondo austero de la casona universitaria a ensayar bríos inéditos y promesas inaplazables; los obreros campesinos que cruzaron sus armas toscas para amparar la democracia, se opusieron al atentado, y de esa prueba temeraria salimos a luchar con bríos renovados, por la salud de la república.

     Así, desde la libre cátedra conquistada por el esfuerzo común, podemos decir hoy que es necesario estudiar, comprender y analizar el problema petrolero.  No con odios de destrucción ni con razonamientos ciegos, sino con la fría reflexión, a la luz de las conveniencias nacionales. 

     Cuando, animados de un sincero deseo de que se establecieran relaciones nacionales entre los trabajadores venezolanos y las poderosas compañías petroleras radicadas en Venezuela, acometimos a raíz de la muerte de Goméz, la tarea de incorporar esas grandes masas al movimiento de liberación nacional, los lacayos del imperialismo movilizaron todas sus fuerzas para impedir que la voz de esta rica región de Venezuela fueses escuchada. Se vio entonces hasta qué punto los recursos de esas compañías dominaban, no sólo la  vida económica de nuestro Estado, sino todos los resortes de la vida económica, social y política de la nación. La redada sistemáticamente ordenada y en que hubimos de caer obreros, comerciantes e intelectuales, hizo comprender a las fuerzas vivas del país que el problema de la liquidación del gomecismo estaba estrechamente vinculado al problema de sujetar, con lazos fuertes de legalidad, las maniobras tentaculares de las grandes empresas extranjeras.  La necesidad de sofocar infantiles leyendas de comunismo, se convirtió en una necesidad muy urgente de estudiar y resolver sobre el terreno las cuestiones candentes que planteaba el más poderoso aliado del gomecismo. 

     Ahora pasa la ráfaga de persecución y barrido este estado de Augias de los viejos mandatarios gomecistas, la confianza comienza a renacer y el Zulia muestra libremente su llaga al sol, en espera de remedio eficaz que ha de sanar.

     No. No vamos a seguir reviviendo la manida leyenda del separatismo, ni las tesis regionalistas. El problema fundamental del Zulia es el petróleo. Del manejo de esta cuestión depende su tranquilidad social. Restablecidas las garantías ciudadanas que nos libran del atropello, resultó el problema de los hombres que han de gobernarlo, queda en píe la solución a buscar de sus más urgentes necesidades sociales.  Estos no pueden ser resueltos por simples decretos o resoluciones; podrían ser atendidos por una legislación adecuada, pero habrán de merecer constantemente atención por parte de todos los ciudadanos. No basta con señalar peligros para justificar una desatención complaciente. Los peligros residen más en la lenidad que en el control severo ejercido por la nación. Y ésta, ya lo hemos visto, se siente acogotada por mil garras sutiles que la impelen a considerar este problema con especial preferencia. 

     La República ha nacido y ensaya sus primeros pasos. Cerrar filas en este movimientos defendiendo con todas nuestras fuerzas las posiciones conquistadas es un deber irrenunciable de la ciudadanía. Contra las prácticas del gomecismo agonizante y contra todas sus fuerzas aliadas, debemos considerar un frente de acción que haga posible el afianzamiento de la república democrática.

     Sujetemos también el petróleo al poste de la Ley y la tranquilidad social del país será un hecho cumplido.

Panorama (Maracaibo, 2 de marzo de 1932).-p.l y 8. Fdo.: Valmore Rodríguez









domingo, 2 de octubre de 2016

Comenzamos la Batalla



     Maracaibo, diciembre 27, 1935,- La inauguración del nuevo régimen,  liquidador del gomezalato, ha comenzado. Por gomezalato entendemos, no la eliminación de un hombre, de una consigna, de una divisa, sino el conjunto de hechos y prácticas que han hecho importante, desde el ascenso de Gómez al poder la revelación de una voluntad popular. 

     El gomezalato está aún en pie y respira, aferrado a un viciado sistema que debemos eliminar totalmente. Paso a paso, según unos, violentamente según otros. Lejos de nuestro ánimo toda idea de desatar rencillas y predicar venganzas, entramos a l a nueva política animados de la idea primaria de restituir al pueblo la idea de su derecho, reivindicándolo en la práctica y afianzándolo en la realidad.

     Así, pecan contra la lógica quienes nos atribuyen, estudiando nuestra actitud de unas pocas horas, sentimientos e ideas que hemos combatido toda la vida, desde la tribuna del periodismo o el seno de la vida privada. 

     El gomezalato, como escuela de gobiernos tiene sus hombres y sus métodos. Y nace de una fuente enturbiada por apetitos que urgen segar. Cuando pedimos la eliminación de un sistema, reivindicamos un derecho. Cebarse en la mera representación de un nombre, o de un grupo de hombres, es una necedad. La libertad de los pueblos se conquista en las alturas de las ideas y no en el simple barajar de unas cuantas cartas combinadas para el escamoteo. 

     Que vuelva a nosotros, al pueblo que paga y sufre la explotación, la garantía de su sufragio, la igualdad necesaria al libre desenvolvimiento de la voluntad nacional y estaremos todos satisfechos.

     Es cierto que a esa cima no se llega sin un rudo esfuerzo. Pero hay que comenzarlo. Con voluntad de todas las horas, con ánimo sereno y firme de cada segundo.

     La sangre de las víctimas que caen; la persecución irracional de los hombres que se sacrifican sin más mira que el interés de la colectividad, merecen respeto y claman sanción. La hora de las reparaciones debe ser marcada con el respeto de las ideas de quienes, en ningún momento de su vida transigieron con el desgobierno ni se sometieron a la imposición despótica de los sabuesos de la dictadura. 

     Nada más grande en la realización de este fin, que dejarlo en libertad para que manifieste sus anhelos por todos los medios a su alcanza, sin el miedo de la represión. 

   No escondamos nuestros temor de que las garantías ciudadanas sean letra muerta apenas prometidas. La buena voluntad de los hombres que gobiernan no hallarán acomodo sino en la cantidad de necesidades que hagan presión sobre la organización política empeñada en hacer la felicidad de los gobernados. 

     El incienso de los perseguidores de cargos públicos suele nublar la visión del gobernante, aún del mejor intencionado. La presión popular espontánea y firme es el mejor norte y el mejor guía en las rutas de un porvenir libre de zozobras y de tiranías. El cambio hacia la comprensión del nuevo régimen debe estar señalado por una interpretación de las necesidades y legítimos deseos del pueblo con la voluntad del poder constituido, empeñado actualmente en sacar a la república del caos en que la sumieron 3o años de cruel tiranía. También tenemos esperanzas y de ello dejamos constancia pero, aún a toda costa de quedar rezagados en el coro de felicitadores de todo género a que genialmente aludiera nuestro admirable Pío Gil, preferimos saborear el oscuro goce de ver que el pueblo  mismo se abre el camino de su porvenir con mano serena.

Valmore Rodríguez
Panorama (Maracaibo, 31 de diciembre de 1935). -p.1 y 4.

sábado, 1 de octubre de 2016

Gómez y los andinos



     Un nuevo periódico de oposición a la dictadura venezolana acaba de aparecer en Nueva York, titulase "Venezuela Futura", y lo redacta el conocido periodista maracaibero Carlos López Bustamante, antiguo propietario de "El Fonógrafo" clausurado por Gómez, germanófilo impenitente, allá por los días trágicos de la gran hecatombe europea, cuando el gran diablo marabino libraba memorables campañas a favor de las causas de los aliados.

     Campea en las páginas del primer número de "Venezuela Futura", que acabamos de recibir, un nuevo concepto sobre el problema venezolano, concepto que, aparte algunas consideraciones acertadas, tiende a sembrar divisiones odiosos en la familia venezolana, azuzando peligrosas rivalidades de campanario que debiéramos liquidar ya para siempre, si es que queremos ver reunidas y apretadas en un solo haz las energías y las voluntades de todos cuantos llevan en sus carnes las marcas dolorosas del despotismo de Gómez. 

      Bajo el rubro "Gómez no es el problema" aparece en la primera plana de "Venezuela Futura" un articulo de autor anónimo tendiente a probar, con razones que no son tales, la peregrina tesis de que el problema que confrontamos actualmente no es otro que el andino, vale decir, la primacía del elemento andino en la maquinaria gubernamental como origen y causa de todos nuestros males. esta tesis simplista que no hubiéramos tomado en cuenta si la propia redacción en no ta editorial amparada por el mismo rubro no la ampliara y la prohijara, suscitando la idea de una campaña abierta contra determinada región de la República, acaso la más azotada por el vandalaje de Gómez, esa tesis, repetimos, por la forma en que está explicada, por la injusticia con que se plantea , merece ser combatida y rechazada enérgicamente, no sólo por aquellos a quienes el agravio se infiere directamente, sino por todos y cada uno de los venezolanos que nos preciamos de ser tales, y para quienes el problema, el verdadero problema, no presenta una suma de factores sociales precisables no por la contingencia de hombres y cosas, sino por algo más real, concreto y definido, que la acción de unos pocos hombres erigidos en amos del país, por dejación que ha hecho de este su bravura legendaria, su decoro y sus virtudes cívicas. 

     La persistencia de determinadas oligarquías en el poder no siempre significa que la responsabilidad de todo ello les corresponda enteramente. Tan culpable es el pueblo que se deja tiranizar como el tirano que lo oprime. Y en el caso concreto de los andinos, es bueno no olvidar que iguales cargos se hicieron ayer a los corianos bajo Falcón convertidos gracias a este en árbitros de la República. Cierto es que éstos no la despedazaron con tanta saña como los chácharos de Gómez, pero ello se debió a que su jefe, mas humano y más civilizado, les dio mejor ejemplo y escogía sus incondicionales, no entre las cárceles y presidios como ha hecho Gómez, sino en las filas del Ejército, que era en su época todavía merecedor de mejor nombre. 

     No es que excusamos los atropellos y los crímenes de los andinos que, según el justo porcentaje de los que señala el articulista (el 75) colabora con Gómez en la obra de destrucción material y moral del país. ¿Pero, sucedería de otro modo gobernando el propio Gómez con igual porcentaje de bandidos de Lara, Guárico o Carabobo? 

     Sospechamos que no. Los ejemplos de Pérez Soto y Silverio González, conocidos como las figuras más sombrías de la cuadrilla gomecista y el primero de los cuales sobrepasan en cien codos al sanguinario Eustoquio Gómez, nos atestiguan que ese régimen del cual es Gómez el arquetipo, utiliza a los hombres siguiendo aquel principio físico según el cual el líquido toma la forma del vaso que lo contiene. Por lo demás no está del todo comprobado que al hecho de que Gómez sea andino se debe exclusivamente su ferocidad y sus crímenes. 

     Es hora ya, para el bien de la República en la hora de la justicia próxima sonar, que estos prejuicios insensatos desaparezcan, como brotes mal sanos que son de otro regionalismo también censurable: aquel que fija límites cardinales a la capacidad para gobernar, siguiendo un canon inflexible según el cual -ha falta de razones biológicas de otro orden que lo justifiquen- sólo se excluye a los andinos. No. Por fortuna no es este el criterio que priva en las avanzadas de la oposición dentro y fuera del país. Nuestros problemas son de otro orden, y como tales los analizamos, procurando resolverlos, cuantos de cerca hemos vivido los 25 años de dictadura gomera, producto de una larga y pavorosa descomposición social cuyos orígenes arrancan del propio seno de nuestra guerra de emancipación. 

     Pobre, muy pobre y bien endeble, digno de ser aplastado por el talón de otro tirano peor que Gómez, seria el criterio de la oposición si a la larga cadena de crímenes perpetrados en Venezuela durante cuatro lustros de dominación gomera,  pretendiera encontrarle ahora explicación con el solo argumento de "problema andino", dejando en pie el otro problema. acaso más grave, que lo aclara y lo justifica: la incapacidad de los otros regímenes de la República para reaccionar virilmente contra el puñado de hombres que los aplastan y sojuzgan; su conformismo y su invalidez, que los condenan de antemano a la pasiva condición de ciervos del más audaz y del más fuerte.

     Necesitamos urgentemente, ahora más que nunca del esfuerzo y de la cooperación de todos los elementos sanos del país para la reconstrucción moral del hogar venezolano. Veinte o más años de disputas vanas en el extranjero por jefaturas militares en hipotéticas y fantásticas revoluciones que nadie ha podido realizar, debiera haber enseñado a ciertos venezolanos del destierro que la raíz de nuestros males es necesario buscarlas en una capa más profunda; que hay algo más en ese IMBROGLIO de la tiranía gomera que el predominio de determinados elementos regionalismos, y que el cambio de unos hombres por otros sin que se toque para nada la superestructura política y social del país no ha de significar otra cosa que la continuación indefinida del mismo mal, agravado por los apetitos contenidos hasta entonces de varias generaciones educadas  en la explotación y la iniquidad.

     Gómez pasará -sin que para vergüenza nuestra- hallamos hecho algo verdaderamente digno para derribarlo- y a ese pueblo explotado, a ese pueblo exprimido cuyo clamor de angustia no hemos sabido escuchar, será preciso darle cuenta de cuanto por él hemos hecho en bien o en mal, durante esta terrible y pavorosa pesadilla que parece ya eternizarse.  En previsión de esa hora, e necesario hacer acopio de argumentos que nos salven en parte de la culpa que a todos nos cabe, y nada será entonces mejor que la verdad, la verdad desnuda, confesándonos incapaces, ambiciosos, desvergonzados. Porque esa es la verdad que nos alcanza a todos. A los de dentro que claudicaron y callaron, a los de fuera que no supieron ni quisieron trabajar por el bien común dividiéndose en fracciocillas parroquiales, cegados por la ambición o por el odio, gastando su energía en la minucia, en el chisme, en el comadreo.

     ¿Qué ha dado de sí la oposición en veinte años de destierro? ¿Aparece por alguna parte algún aspirante al poder armado de doctrina, con una solución concreta y precisa para el menos de nuestros problemas?

     ¿Cuál ha sido la agrupación, el partido, el cenáculo, de todos cuantos se han formado en el extranjero, que haya salvado hasta la fecha, no ya el más elemental de sus postulados, sino siquiera su nombre? Panfletarios, guerreros, periodistas...de todos hemos tenido en suma copiosa. Pero necesitamos algo mejor. Necesitamos dirigentes políticos, hombres vinculados a las masas por algo más que tradiciones sentimentales o leyendas de sacrificio; urge encontrar un solo hombre capaz de imponer por sobre el alud de pasiones y apetitos desenfrenado, un ideal o una fe, no personal, regionalista, sino amplia y grandes, universal enraizada a los principios eternos de la equidad y de la justicia. Pero la vida de los pueblos no está sujeta a los caprichos y veleidades de los hombres. La conciencia de las multitudes es la ley, rige el ritmo del destino y se labra su propio bien por encima de las violaciones y de la incapacidad e los hombres que la explotan y conducen. Ellos serán en nuestro pueblo la sola fuerza justiciera; tanteando, cayendo e incorporándose, sabrá sortear los peligros de su actual condición caótica hasta imponer a sus verdugos el terrible castigo que se merecen. 

     Somos un pueblo y no un conjunto de patriecitas. la República quiere unión y no división. Puertas adentro está el yanqui y su maquinaria imperialista, dispuesto a aprovechar cualquier división para erigir republiquitas, manejables según su capricho y en beneficio de su capital. Recordemos esa amenaza de Zulia, suspendida sobre nuestras cabezas. La especie nació ayer amparada por el regionalismo estúpido; la reforzó el yanqui con la influencia de su oro, y hoy es preciso combatirla gracias a prevenciones y sutilezas de los propios connacionales, empeñados en distinguir con epítetos deprimentes el espíritu de independencia y otras cualidades características del zulianismo. 

     Gómez no es el problema, no lo ha sido nunca. Pero tampoco lo son los andinos. ¿Qué los cháncharos son ladrones diabólicos, asesinos? A la luz de la dictadura gomera recordemos la despiadada definición de Nietzche: "Virtuoso es todo aquel que no ha tenido oportunidad de ser otra cosa..."


Valmore Rodríguez
Reproducido en: El País (Maracaibo, 6 de Mayo de 1936). -p-1,2 y 3
Barranquilla, XVI-VI-XXXI
Un artículo republicado en "La Prensa" de Barranquilla el 20 de Junio de 1931
 

viernes, 30 de septiembre de 2016

En la Presidencia del Senado, sesiones ordinarias de 1948


Queridos Senadores:

     La grave crisis política que aflige al mundo es –querámoslo o no- el primer espectador que al abrir las puertas de estas Cámaras Legislativas nacionales se instala silenciosamente junto a nosotros. Ese espectador no ha sido invitado. Asiste por derecho propio, y lo califican sus méritos de testigo universal en una causa que es el drama de la familia humana. 

   Ni podríamos, aunque en ello nos empeñáramos, eliminar del debate apasionado en torno a los grandes y urgentes problemas venezolanos la incidencia punzante de la angustia universal. La independencia de las naciones es un fenómeno que se manifiesta en el acontecer cotidiano. Así hemos de reconocer, al inaugurar este período legislativo, que la perseverancia y la influencia de esa grave crisis política que circunda el ámbito nacional, es algo para ser estimado en cuanto vale como alerta, acicate y estímulo dentro de la estratégica y la táctica de nuestras deliberaciones. 

   Sería una puerilidad intentar planteamientos de nuestra cosecha, acaso convenientes a la realidad venezolana, como panacea para males de todas las latitudes, pues ni es ése el cometido que aquí nos congrega ni el tiempo que se nos asigna deja margen para disquisiciones de ese género. Si es esencial, en cambio, que indaguemos hasta donde podríamos evitar, mediante una labor legislativa eficaz, que en nuestro suelo arraiguen y prosperen prácticas e ideologías incompatibles con el espíritu nacional, y formas de explotación y dominio del hombre divorciadas absolutamente de las normas de protección social, justicia económica e igualdad política que ha implantado la Revolución. 

   Venezuela ha tenido la fortuna de haber sabido aprovechar el salto de su retardada evolución histórica en una obra de creación que estas Cámaras Legislativas habrán de perfeccionar y dilatar. Las oligarquías económicas que en otros países provocan alternativamente estados caóticos de terror y turbulencia social, han perdido aquí el poder político, de donde nace el ambiente de equilibrio y normalidad que nos da una fisionomía de excepción en el convulsionado escenario de América; y es expresión de tranquilo ejercicio de soberanía y de confianza general cimentada, el sosiego en que se desenvuelven los procesos políticos y la actividad económica y social de los sectores progresistas –tras el natural e inevitable sacudimiento que trajo la Revolución- aún a despecho de todos aquellos problemas que todavía gravitan entre a colectividad y que se manifiestan en la angustiosa escasez de viviendas, de ciertos artículos alimenticios, y de acueductos, hospitales y servicios sanitarios para importantes poblaciones y de todo aquello que constituye herencia no liquidada de los viejos regímenes personalistas. Esta realidad de nación asistida de justicia, alimenta de fe en su destino, puede ser negada –y los es por sectores oposicionistas-, mas sólo en el plano especulativo, como recurso lícito de propaganda; en la práctica, fuera de ese círculo, nadie estaría en capacidad de negar este aserto con pruebas a la mano. Y es que la paz social de un país y su prosperidad económica y su estabilidad política no pueden ocultarse ni establecerse mediante escamoteos retóricos o simple afirmación demagógica, sino que surgen y se manifiestan con la naturalidad de los que tienen existencia real. 

   Las instituciones emanadas de la Revolución y que habrán de perfeccionar y dilatar estas Cámaras Legislativas constituyen prueba elocuente de la espléndida vitalidad que acompaña al sistema democrático. Vienen ellas a labrar la felicidad de los intereses de la nación, y no la felicidad de unos pocos a costa de la nación. Así evitamos que se reproduzcan entre nosotros –recién salidos de la oscura matriz colonial- los fenómenos inherentes ala actual crisis de la democracia capitalista, frenando los peligros de los exterminios de la derecha y de la izquierda, y situando la cuestión capital –el hombre venezolano y su destino eterno- en el centro de la preocupación rectora. Si al romperse el equilibrio social de los pueblos, produciendo catástrofes de incalculable magnitud, volvemos los ojos al solar propio, no hay duda que hallamos razones suficientes para predecir larga existencia a nuestra recién afianzada transformación democrática, y un porvenir sereno al progresivo desenvolvimiento de nuestra política. 

   A la consideración de ésta Cámara estarán este mismo año importantes proyectos de leyes y reformas de positiva trascendencia para la colectividad venezolana. La ley agria entre ellas. Buscaremos asentar permanentemente la justicia social en el campo, al propio tiempo que aumentar la producción, instituyendo normas que permitan la explotación racional de la tierra, y regulen las relaciones de los que la trabajan. Y ello sin demagogias ni miedos. La ley del trabajo requiere a su vez reformas en sentido que concilie con justicia y sinceridad de los intereses de ambos factores de la producción industrial. Estamos seguros que con estos dos instrumentos convenientemente ajustados a la realidad actual del país, la paz social quedará garantizada por muchos años. 

   Pero hemos también de acometer la reforma de otras leyes que son el complemento indispensable de la obra sustantiva de la Revolución. El Poder Judicial tiene que ser reorganizado y reformado en todas las ramas de su actividad. En el seno de una subcomisión de la Comisión Permanente, que siguió al cierre de las sesiones extraordinarias del Congreso, se originó un proyecto de Ley del Poder Legislativo, que regulará el funcionamiento de éste y sus relaciones con los otros poderes. Es vivo anhelo de las Cámaras Legislativas actuales que la vida Institucional de Venezuela descanse sobre sólidas columnas y al legislar sobre sí mismas, tenderían hacia esa finalidad, mediante el deslinde y fortalecimiento de la esfera propia de cada uno de los órganos del Poder Público, de suerte que éstos estén siempre inspirados en el mandato expreso del Soberano a través de su ley y sea esa inspiración la que prive definitivamente en este país por sobre cualquier voluntad individual, arbitraria o caprichosa. La Nación venezolana resplandecerá en toda su majestad y grandeza cuando repose tranquilamente en el equilibrio de las fuerzas institucionales básicas y en el decoro y decisión de quienes las orientan y dirigen.

   Otros instrumentos de legislación vendrán oportunamente a la discusión de las Cámaras Legislativas. El código del niño, por ejemplo, que está previsto en el artículo 49 de la Constitución, debe ser aprobado este mismo año. Prácticamente hay que reformar todo el acervo de nuestras leyes, para armonizar con la nueva Constitución y deslástralas del espíritu antidemocrático y oligárquico que las informa, e insuflarles el espíritu de la renovación y re-creación de la época que vivimos.

   Luego hemos de encarar el Presupuesto, herramienta para el laboreo acucioso del próximo año fiscal. Es aquí donde el poder Ejecutivo recoge el productos de sus desvelos por el bienestar de la Nación, tras el examen minuciosos del conjunto de problemas que se apilan cotidianamente en los diversos departamentos de su Gabinete. El objeto primordial de la atención del Legislador, al entrar a debatir el presupuesto, es si él responde, en sinceridad y previsión, a las exigencias de la técnica, y luego al imperativo que se expresa en el conjunto de necesidades publicas a satisfacer en forma equitativa, oportuna y prudente. 

   Dos actitudes generalmente se registran al hacer el enfoque de la tarea legislativa. Una es de preocupación patriótica, al margen de toda consideración de partido, consistente en dar apoyo a toda medida beneficiosa para la nación, y la otra es hacer girar todos los debates, aún sobre cuestiones nimias, al compás de mezquinos intereses políticos, de fracción o de grupo, con patente finalidad obstruccionista, enderezada a lograr que el Congreso no legisle de manera que se desacredite como institución, o que fracasen los grupos que en él predominen, liberando de su influjo a las masas que los siguen, según la conocida de típica raíz totalitaria. 

   Venezuela espera de sus representantes que no sea la actitud negativa la que trate de expresarse prominentemente en estas Cámaras este año. Mayoría y minoría están en el deber de esforzarse –delante de ese espectador silencioso que es la crisis política mundial- por imprimir a los debates que aquí han de desarrollarse sentido de responsabilidad para con la patria. Que la angustia vecina y los dolores lejanos sirvan de lección para lo que o debe hacerse, y que al buscar remedio para nuestras dolencias, no olvidemos acoplar el espíritu a la ansiedad del mundo, para mitigar en algo las suyas, en noble gesto de solidaridad humana. He aquí la más hermosa síntesis de u n programa para la labor legislativa de este año.

Queridos senadores:

   Debo agradecerles nuevamente el honor de la ratificación de vuestra confianza para el desempeño del cargo de Presidente de esta Cámara, y al aceptar complacido la designación, prometo solemnemente cumplir a cabalidad mis deberes, con ánimo sereno y espíritu justo, puestos la mente y el corazón en el desvelo de la patria venezolana. 

   En nombre de la República declaro solemnemente inauguradas en el presente año las sesiones ordinarias de la Cámara de Senadores. [1]



[1] También fue publicado en: El País (Caracas, 20 de abril de 1948) pp. 1 y 15 . Diario de Debates de la Cámara de Senadores Extraordinarias . Mes 1– No. 1 (Caracas, 24 de Abril de 1948) pp. 5 y 7

jueves, 29 de septiembre de 2016

COMUNISMO, NO!



          Se usa y abusa en estos días de extraordinaria tensión económica, no sólo en nuestro pueblo, sino más allá, de este vocablo misterioso que quiere decir mucho, y la más veces no significa nada que es el comunismo. La verdadera significación de ese vocablo es el marxismo revolucionario, y tiene su explicación práctica en el sistema político, económico y social de los Soviets, imperante en Rusia. 

    Ese fantasma peligroso se a apoderado de la imaginación de muchos hombres, con furia tal, que parece como si repentinamente se hubiese producido en nuestra patria una catástrofe tan grande que hubiera hecho brotar de debajo de cada piedra un comunista armado de bomba y puñales, amenazando desquiciar todo concepto de moral social y subvenir el orden republicano que hemos conquistado. 

     La realidad es otra cosa. El partido comunista y la doctrina que sustenta sí tiene, como en todas partes, sus adeptos en Venezuela. Pero de ahí a afirmar que en cada hombre que defiende los intereses  de la clase obrera o aboga simplemente por el mejoramiento económico de los estratos inferiores de la sociedad venezolana, hay un comunista, es tan arriesgado como incomprensible. Ni creemos que el mejor medio de combatir  los pequeños Soviets criollos es el de alzarlos a pirámides que los exponen demasiado a la mirada de una masa que, por impreparada podría dejarse atraer por la aureola de lo misterioso y por la mística simplista de lo prohibido. 

     El combate al comunismo criollo debe tener por escenario la realidad de una situación económica y social modificada, donde el obrero halle el sustento y la justicia debida a su condición, sin esa mole gomecista del trato a garrotazos y la condena de la carretera; condiciones estas que hicieron posible en la Rusia esteparia y lejana, el triunfo rápido y violento de las huestes del bolcheviquismo. 

     Hay que mirar como remota la posibilidad de un entronizamiento comunista en nuestro país. Aún el socialismo moderado en sus fines, no halla raíces suficientes en nuestros métodos de producción para afianzar sus postulados de acción gradual sobre una economía como la nuestra, agotada en su crecimiento e intervenida por factores extraños. En presencia de la realidad venezolana, las teorías mas audaces y justas fracasan lamentablemente, y los emplastos curativos deben buscarse en la propia fuente de acción social que origina las crisis peculiares de nuestra vida. 

     Comprendiéndolo así, el gobierno actual y sus hombres representativos, contrariando el sentir de grupos poderosos pero ineducados y asustadizos, se ha dado a la tarea de modificar con valentía digna de encomio, la condición económica, política y social de las grandes masas, como el medio más efectivo de inmunizar la mentalidad de nuestro pueblo contra falaces conceptos inaplicables a nuestro medio. Comprendemos que en muchos casos, atribuibles a ignorancia y otros factores de orden moral, se exceden las aspiraciones frente a empresas en quiebra o en vías de crecimiento; pero ello no hace sino demostrar y señalar vicios de origen que se relacionan directamente con el régimen tirano que acabamos de derribar.  

     Es infantil y temeraria la empresa que acometen ciertos señores, cuyas convicciones respetamos sin compartirlas, de aplicar el rótulo comunista a cuanto ciudadano contradice sus propósitos y pesimismo. Y en cuando a la leyenda del espantapájaros del comunismo, su abuso aguza ya el ingenio de nuestros humoristas, que comienzan a llevar a la caricatura y al chiste, el verdadero significado que no le dan los profetas del desastre. 

Publicado en el periódico Panorama
Maracaibo, 15 de abril de 1936
p.1 Editorial 





martes, 27 de septiembre de 2016

En la Presidencia del Congreso, al tomar posesión el Juramento de Ley al Presidente Electo, Don Rómulo Gallegos

     Ciudadano Presidente Electo:

     La elección en usted recaída para Presidente Constitucional de los Estados Unidos de Venezuela representa en la historia de nuestro país un hito capital, de esos que separan épocas y definen cambios de rumbo definitivos. Tras una campaña electoral ardorosa, en que no se ahorraron epítetos, acusaciones y ataques de parte y parte, como suele ocurrir en todo debate de la índole en cualquier país democrático, advino el día de decidir si estaba fundado en hechos reales el alegato de que la patria de Bolívar era incapaz de ejercitar y expresar dignamente su voluntad soberana. El resultado de esa jornada memorable, de ese 14 de diciembre de 19947, lo conoce el mundo: no hubo un solo muerto, ni un herido, ni un atropello, ni violencia alguna. En filas disciplinadas, respetuosos del derecho ajeno, el hombre y lamujer de Venezuela, desde el adolescente de más de 18 años hasta el anciano de cualquier edad, alfabeto y analfabeto, acudieron ordenadamente a las urnas, custodiadas por representación calificada de todos los partidos, y con su voto libre se dieron a si mismos el Primer Presidente y el primer Congreso constitucional que pueden realmente reclamar en los fastos nacionales el exacto y cumplido título de representantes de la voluntad soberana del pueblo. 

     Dolería reconocer ante extraños esta triste verdad, si no fuera porque con ello nos hacemos la autocrítica más edificante y que la mejor contribuyente al desarrollo de la sinceridad democrática entre amigos que deben estimularse recíprocamente invocando testimonios cabales de la propia historia. Y porque además, con ello no estamos acusando todo el pasado de Venezuela como una negación perenne y total del sistema democrático. La justicia histórica reconoce en muchos de los hombres que dirigieron la marca vacilante de la nación por el camino republicano, después del proceso emancipador, decidida vocación democrática y anhelo sincero de afincar las instituciones políticas sobre el sólido cimiento de la voluntad popular. Desgraciadamente, la realidad social del país, la constitución no escrita emanada de un conjunto de fuerzas que tenían el control de la economía y los instrumentos materiales del poder, frustraban la noble intención de los ideólogos y propagandistas del sufragio libre. 

     Un caudillaje bárbaro, de clásica estirpe feudal, turnábase el mando, a favor de golpes de fuerza o mancuerna de componenda palaciega, como en juego de sucesión dinástica. Lo constitucional venezolano, era ese cuadro, en cuyo centro se reproducía la misma tipicidad del fenómeno que dió nacimiento a las revoluciones burguesas de Inglaterra y Francia, con su reborde de angustia colectiva minando y preparando la vía hacia el salto de la transformación histórica violenta. 

     Brusco fenómeno de penetración económica comienza a perturbar de pronto el panorama social y político de Venezuela. Descúbrense fabulosos yacimientos de oro negro; se explota intensivamente esa riqueza; defórmase poco a poco a débil estructura de nuestra economía raizal, y atropelladamente se mete en la conciencia de nuestro pueblo, con el rudo impulso que impele a la proletarización de grandes masas de clase media, la necesidad biológica de armar pelea para el subsistir físico y espiritual, dentro de normas de justicia social e igualdad política. La democracia plena y cabal, como lo exigen la experiencia del mundo y la estrategia elemental del buen sentido humano, tenía que ser la síntesis lógica del proceso iniciado. Paralelo a él, hijo de él mismo si hemos de ser exactos, culminaba otro proceso, el instrumental de la preservación del poder: la tecnificación del Ejército, y su consecuencia: subordinación del espíritu del oficial al honor militar, al superior interés de la nación y no al mezquino personal del autócrata voluntarioso. Es axiomático que donde se cierra la puerta del sufragio, se abre la del cuartel. Hasta la Revolución de Octubre, la historia del sufragio en Venezuela era la historia de su negación. De ahí el menudeo de los pronunciamientos a la española, o mejor dicho, de los vulgares cuartelazos a la venezolana. Pero en Octubre del 45, en las vísperas de un proceso electoral amañado, para la provisión del más alto cargo ejecutivo, hicieron conjunción las dos revoluciones que se gestaban separadamente, aunque alimentadas por un mismo cordón umbilical: la revolución civil que el pueblo empujaba con todo el ímpetu de su voluntad sojuzgada, y la revolución militar, que venía a rescatar el Ejército nacional, heredero de las glorias de Bolívar, de la humillante condición en que lo mantenían los regímenes autocráticos semi-dinásticos. Pueblo y Ejército son así los dos héroes colectivos de nuestra Revolución democrática, y en ellos tiene usted, ciudadano Presidente Electo, la fuerza incoercible que ha de ayudarlo a sostener en alto y en alto pabellón de la patria, de suerte que brinde sombra generosa y amparo tutelar a esta nación de hombres libres que por fin se ha encontrado a sí misma, hermosa de toda hermosura, transfigurada de candor y dignidad, y ansiosa de volver a tomar los caminos que le dieron gloria en la alborada de su vida independiente; sólo que ahora en son de paz, de baquía espiritual sin tormentas, en solicitud de solidaridad para el común empeño de liberación del yugo económico. 

     Creador de rumbos espirituales, le ha dado usted a esta patria, ciudadano Presidente Electo, un excelso gajo de resplandor que ya era –antes que el voto popular lo consagrara a usted Presidente de los venezolanos- guía infalible en la tiniebla de la incertidumbre y la desesperanza. Y porque usted interpretó su drama y descifró el mensaje de su agonía, en La Hora Menguada, Venezuela ha querido que sea la misma mano que plasmó fulgurantes personajes de ficción –símbolos acabados del hombre, el paisaje y la psicología nacionales-, la que empuñe ahora el timón de su destino, en plan de convertir en realidad lo que esbozó la preocupación del escritor y del hombre público en la obra inmortal de las letras y en el compromiso solemne. 

     Negras nueves de intranquilidad ciérnense aún sobre el panorama internacional, como consecuencia de la defectuosa liquidación del tremendo conflicto que puso fin a la amenaza de la coalición nazifacista. Corresponde a Venezuela moverse con agilidad y prudente realismo en ese mundo agitado, para no caer en el miedo, ni en la provocación, ni en el círculo de intereses egoístas de los imperialismos. Que vuestra gestión, ciudadano Presidente Electo, se encamine a situar decoro y los intereses permanentes de la nación venezolana por encima de las transitorias o permanentes querellas de los poderosos, aunque sin olvidar que somos parte de un continente que fía su seguridad y su vida misma al sentido de la solidaridad, en salvaguardia del patrimonio común de un modo de vida democrático que no puede ni debe ser puesto en peligro por nuevas incursiones de regímenes y filosofías de tipo totalitario. 

     En nombre del Congreso Nacional presento a usted, ciudadano Presidente Electo, cordiales congratulaciones por el honor que le ha discernido el pueblo venezolano al exaltarlo a la Primera Magistratura, y presento así mismo un respetuoso saludo a los Excelentísimos señores Embajadores y Representantes Especiales de las naciones amigas que honran este acto con su presencia, testimoniando así la simpatía que les inspira el normal desenvolvimiento de la democracia venezolana.





 Publicado en Bayonetas de Venezuela
México 1950
Ediciones e Impresiones Beatriz de Silva